martes, 21 de marzo de 2017

"Conocer es llegar a ser un poco más libres"

Mi destino y el de Raúl Fernández Cobos (Oviedo, 1985) han sido tangentes en más de un punto. Fuimos compañeros en la carrera de Física, a los dos nos picó el gusanillo de la Cosmología, y la casualidad hizo que ambos acabáramos formando parte del experimento QUIJOTE, él en Instituto de Física de Cantabria, donde sigue trabajando, y yo en Tenerife. Pero nuestras afinidades van más allá de lo académico: en los tiempos en que estudiábamos ya nos confesamos mutuamente nuestras filias literarias, inclinadas hacia la ciencia ficción por su parte (plasmadas en su incombustible blog, Soñando con Marte), y a la perpetración de poesía por la mía. Los adictos siempre buscan aliados en su enfermedad, así que un día le presté un poemario de Luis Alberto de Cuenca. Sabía que de aquella semilla algo había fructificado, porque años más tarde un congreso nos reunió y (alcohol mediante) se atrevió a leerme algunos de sus poemas. Poco después ganó el áccesit del Premio José Hierro en la categoría de poesía con La noche en que murió Charlie (El Desvelo Ediciones, 2014). Pero grande ha sido mi sorpresa al abrir su nuevo poemario Areografía (Editorial I filo SOFÍA, 2016) y descubrir que me señala como una de las culpables de despertar al creador de versos que sin duda siempre hubo en él. Así que no puedo evitar sentirme un poquito responsable de este hijo marciano de Raúl.


Son muchas las cosas que he aprendido leyendo el libro de Raúl, empezando por el mismo título: areografía es la geografía de Marte. Una geografía con nombres inspiradores (Albor Tholus, Kasei Vallis…) que le sirven de excusa para hablar del ser humano, de ciencia e, inevitablemente, de sí mismo. Para conocer mejor qué encierra su particular paisaje marciano, nos ha respondido a estas preguntas.

P. En tu libro hablas de Marte como un paisaje que en el pasado (o un tiempo inconcreto del que se habla en pasado) hubiera estado habitado, y por una población no precisamente de bacterias, sino por una sociedad con una gran carga simbólica, que guarda muchos paralelismos con la especie humana. ¿Qué significa Marte para ti y quiénes lo habitan?

R. En realidad, he querido presentar aspectos marcianos y humanos suficientemente semejantes como para que resulte fácil tender puentes metafóricos entre ambas realidades, y a la vez, suficientemente distantes como para generar un extrañamiento en el lector. Ambas sociedades habitan un equilibrio precario. Los marcianos de Areografía son un claro homenaje a Ray Bradbury y a la vez un laboratorio de ensayo, un simulador de humanidades.

P. En un momento dices “las tierras, lejos de ser fijas, mostraban temperamento y eludían el arte cartográfico”, como si el planeta fuera en realidad un ser dotado de carácter. ¿Un guiño al Solaris de Lem?

R. Veremos en el poemario que muchos pasajes se resisten al determinismo interpretativo. Aunque sin duda está presente, la alusión al organismo colectivo es solo una de las posibles lecturas —Marte tiene una gran personalidad que se proyecta en casi todos los poemas—. La cita que mencionas pretende ser un extracto de una epopeya clásica en que se señala el carácter simbólico del espacio como experiencia (marciana, en este caso); que los mapas son sensibles, además de a una cartografía estrictamente física, a una concepción del espacio sociológicamente determinada y propiciada por los mitos.

P. Todo el poemario destila cierta melancolía, presentando a Marte como un paisaje para la nostalgia. La pérdida que lamenta es interpretable de diversas maneras. Una puede ser que, a pesar de que hay bastantes indicios de que en el pasado hubo agua líquida, soñar con un Marte habitado tiene ya de hecho el encanto de lo anacrónico: la ciencia nos ha dejado bastante claro que (a menos a día de hoy) no vamos a encontrar allí a los famosos hombrecillos verdes. ¿Saber demasiado de Marte nos ha privado del sueño de Marte, o ha multiplicado nuestra capacidad de imaginarlo? ¿La ciencia roba posibilidades a la imaginación?

R. Se oye a menudo que la ciencia, en su acercamiento a una realidad objetiva y material, acaba con el viejo espíritu romántico. Sin embargo, no puedo estar de acuerdo con ello; creo básicamente que lejos de apagarlo, el conocimiento científico actualiza este romanticismo desplazándolo al panorama que se nos abre con nuevos indicios y, sobre todo, preguntas. Tenemos sobrada capacidad imaginativa como para adaptarnos a los nuevos escenarios, que además constituyen un reto: todo un universo de posibilidades. En el caso de Marte, los datos recogidos en las diferentes misiones espaciales nos han permitido descender a sus lugares, acceder al tiempo marciano, a la realidad histórica de sus procesos geológicos. En realidad, lejos de privarnos de él, los avances científicos nos han abierto un nuevo mundo, lo han vuelto más real.

P. En el libro citas a grandes autores de ciencia ficción, como Kim Stanley Robinson o Ray Bradbury, y algún guiño a Philip K. Dick. Supongo que eres consciente de que para muchos la ciencia ficción es una especie de “hija adolescente y rarita” de la literatura. ¿Qué tendrías que decirles a aquellos que la consideran un género menor?

R. Que le den una oportunidad. Tanto si buscan entretenimiento, como profundidad, encontrarán títulos que se ajusten a sus preferencias. Si no les gusta el espacio, no importa. La ciencia ficción es lo suficientemente amplia como para ofrecer todo tipo de escenarios, incluso realistas (más de lo que imaginamos). Lo bueno de este género es que ofrece unas posibilidades inmensas para explorar en lo humano, en lo de siempre, desde el contraste con lo nuevo. No voy a negar que algunos clásicos del género ofrecen una pobre calidad literaria, pero no es prescriptivo; algunas obras como “Crónicas Marcianas”, “El invencible” o “Dune” son una delicia en este sentido. Hasta Pedro Salinas firma una novela de ciencia ficción. El género no está reñido para nada con la buena literatura.

P. Para muchos, el maridaje entre ciencia y poesía debe sonar a quimera, o incluso a contradicción. Sin embargo, en las notas del libro tú afirmas que “componer el poemario se asemeja a observar el cielo”. ¿Qué le aporta tu formación científica a tu visión del mundo en general, y a tu manera de escribir en particular?

R. Mi impresión es que la formación científica condiciona drásticamente nuestra concepción del mundo. Y no por favorecer una actitud filosófica determinada sobre las otras, sino más bien por ese acercamiento crítico que proporciona, por las herramientas que brinda el método científico a la hora de valorar nuevos planteamientos o elaborar opiniones formadas. Por supuesto, esta influencia se traslada a aspectos clave de mi forma de escribir, como las temáticas que abordo o las metáforas que adopto. En particular, la que señalas pretende relacionar la actividad pasiva del astrónomo, incapaz de recrear sus objetos de estudio en un laboratorio —y, por ello, resignado a recoger lo que llega del cielo—, con la recopilación de ideas e inspiraciones que dan lugar a un poemario.

P. Además de cosmólogo, escritor y poeta (redundancia que siempre me ha resultado graciosa), eres licenciado en Antropología. Una combinación que te convertiría en buen candidato a embajador de la especie humana si estableciéramos contacto con una sociedad alienígena. ¿Cuáles son para ti las características que retratan a una civilización? ¿Qué es lo que más te interesaría transmitirles a unos hipotéticos seres de otro mundo, y que información considerarías fundamental conocer de ellos?

R. Es una pregunta muy difícil. Tal vez, en este contexto, uno de los aspectos que más describen a una civilización es su actitud ante el contacto cultural, y nuestro pasado no deja mucho margen al optimismo. Asumir que podríamos comunicarnos con una especie alienígena, acceder a su mentalidad, no es nada trivial. Al carecer de ejemplos concretos, entramos en terreno resbaladizo. Pero sin duda, sería maravilloso tratar de entender qué motivaciones los mueven a vivir como quiera que vivan.

P. Tus intereses me recuerdan al título de Oliver Sacks “Un antropólogo en Marte”. Y, en realidad, un antropólogo es alguien que estudia a sus semejantes como si fueran algo extraterrestres, un sentimiento que todos albergamos en algún momento. ¿Qué es lo que te produce más extrañeza del ser humano?

R. Efectivamente, un antropólogo ha de promover cierto extrañamiento entre sus posicionamientos culturales y los de la comunidad que se proponga estudiar. Y viajar a Marte es una manera drástica de experimentar este sentimiento. Una de las peculiaridades del ser humano (y tal vez, de muchos otros seres vivos) que más llama mi atención es el fenómeno de la consciencia, la capacidad de saberse en el mundo y poder interaccionar con él; de imaginar, aunque sospecho que no del todo aprehender, una época previa y otra futura en que la realidad objetiva no le es accesible. El fenómeno es lo suficientemente extraño como para merecer el calificativo alienígena.

P. Decía Pessoa que “El binomio de Newton es tan bello como la Venus de Milo”. Pero añadía que “hay poca gente que se de cuenta de ello”. Tengo la impresión de que la ciencia es gran olvidada de la cultura. Aunque los científicos parecen gozar de un aura de prestigio, a la ciencia en sí se la ve como algo “misterioso” y “complicado” que sirve a un supuesto “progreso”, no como una forma de cultura que es bella y disfrutable por sí misma, como puede serlo la poesía. Por eso la idea de tu poemario es tan genial. ¿Cómo crees que se podría incorporar la ciencia a la comprensión global de la cultura?

R. A este nivel es muy importante la educación. Los niños son curiosos por naturaleza, es necesario estimular este impulso y mostrarles que las ciencias, lejos de ser la bestia negra del programa de estudios que se les impone, son una herramienta fundamental para entender las cosas que más les llaman la atención. Otro aspecto que creo que debemos trabajar, además de en poner de manifiesto la utilidad práctica de la investigación científica, es el de reivindicar el valor del conocimiento en sí mismo. Transmitir que conocer es vivir, es disponer de mayor número de recursos y llegar a ser un poco más libres. Hacer a la gente partícipe del placer de descubrir por uno mismo, aunque no se trate de nada innovador; de ser capaz de llegar a la conclusión por sí mismo, sin que se la den prefabricada.
También es necesario hacer un poco de autocrítica, en el sentido de que muchas personas perciben la ciencia como una preponderancia amenazadora debido a que no prestamos especial atención al discurso que utilizamos a la hora de divulgar resultados científicos. Deberíamos huir de fórmulas como “la ciencia dice” o “se ha demostrado científicamente” para acercar a la audiencia la problemática real en los términos en que se desenvuelve el método científico, huyendo del estigma del dogmatismo.

P. Hoy es el Día Internacional de la Poesía. ¿Alguna recomendación para futuros adictos?

R. Para aquellas personas que no se acaben de decidir a dar el salto de la prosa al verso, les recomendaría empezar con poesía más narrativa o de temática accesible, como yo mismo he hecho. Una recomendación en este sentido, y que me sirvió mucho en su momento, es Luis García Montero.

domingo, 5 de marzo de 2017

Los diez mejores canales de youtube para aprender ciencia

¡Hola a todos!

Hoy en día la cantidad de información a la que podemos acceder gracias a internet es enorme, descomunal. En lo que a ciencia se refiere, los curiosos no tienen ninguna excusa para no ponerse a aprender sobre cualquiera de los temas más apasionantes: qué es un agujero negro, cómo funciona el ADN, qué es el gato de Schrödinger, cómo es la galaxia más cercana, cuáles son los últimos avances en neurociencia y muchas otras preguntas que pueden ser respondidas con unos cuantos clicks.

Pero esta información no siempre llega de la mejor manera posible. Si no conocemos la fuente, podemos caer en manos de algún magufo que intente disfrazar de ciencia la charlatanería. O podemos dar con un buen artículo científico pero que no nos aporte ningún conocimiento debido a su complejidad. O también podemos toparnos con un excelente blog de divulgación con explicaciones sencillas para todo tipo de usuario, pero la vagancia de hacer el esfuerzo de trabajarse el tema puede echar atrás a los más perezosos...

Una alternativa moderna a los clásicos documentales científicos interminables y a los pesados ensayos de divulgación pueden ser los canales de youtube de divulgación científica. Personalmente, me parece una manera excelente de explicar temas complejos utilizando todos los recursos audivisuales que se pueden presentar en forma de vídeo en esta plataforma. A continuación, os dejo una lista con algunos de los canales de youtube que considero más interesantes.

Antes de comenzar, una advertencia. La mayoría de los canales de los que aquí hablo están en inglés. Típicamente, el inglés de los youtubers o científicos que aparecen en estos vídeos es claro y muy fácil de entender, así que animo a toda persona con conocientos básicos de inglés a no echarse atrás por el idioma. De cualquier manera, también hay excelentes canales en castellano, comento algunos de ellos al final de este post. Una última aclaración: personalmente considero verdaderos héroes a los creadores de estos canales... el esfuerzo que hacen para que todos podamos disfrutar de la ciencia desde nuestras casas es más que admirable. ¡Muchas gracias a todos ellos!


Los canales de Brady Haran

Este australiano está consiguiendo una labor excelente con sus múltiples canales de ciencia. En ellos realiza entrevistas a investigadores de alto nivel, principalmente de la Universidad de Nottingham, sobre temas relacionados con la labor de éstos. Aunque hay más, quiero destacar Numberphile (matemáticas), Sixty Symbols (física) y Periodic Videos (química). Y para los seguidores de Cielos Despejados, DeepSkyVideos.

El rigor científico en estos vídeos es máximo. La complejidad de los temas varía bastante, algunos vídeos de numberphile, por ejemplo, pueden no ser fáciles de seguir para gente sin conocimientos básicos de matemáticas.



Veritasium de Derek Muller

Otro australiano en la cima de la divulgación científica. Derek Muller nos enseña en sus vídeos no sólo un montón de curiosidades de física... Es un estudioso de la divulgación de la ciencia. En muchos de sus vídeos realiza experimentos para ver cómo es la mejor manera de divulgar o explicar un problema de ciencia, tema que le llevó a escribir su tesis doctoral. Entre otros proyectos, destaca Veritasium (y su hermano 2Veritasium) y el recien creado Sciencium.

Aunque en sus inicios la mayoría de los vídeos de Veritasium eran de curiosidades físicas, cada vez más a menudo Derek incorpora explicaciones de otras disciplinas. La complejidad de los vídeos es más bien baja, aunque muchos de los temas se entienden mejor con conociemientos previos. A Derek le gusta jugar con las hipótesis de sus seguidores y de otros científicos, por lo que a veces las explicaciones no son extremadamente rigurosas y cerradas. Pero el método científico está presente en todos sus experimentos.




VSauce de Michael Stevens

Este canal de youtube es ultra popular, y con razón. Destaca la simplicidad de las explicaciones de Michael y la facilidad que tiene para convertir un problema complicado en un vídeo al alcance de todos los públicos. Su amplio espectro trasciende a veces las ciencia: a Michael le gusta hablar de temas filosóficos y supuestos (casi) imposibles, aunque tratándolos siempre desde un punto de vista científico. Muy recomendable.



Kurzgesagt - In a nutshell

Estupendísimos vídeos en este canal de youtube, de apariencia totalmente profesional, explicaciones muy sencillas para todos los públicos de temas científicos (y de historia, sociedad, etcétera). Un equipo de profesionales que realizan una labor excelente. Desde un punto de vista científico podríamos decir que son rigurosos pero, para simplificar enormemente su tarea, dan muchas hipótesis como ciertas y no exponen cada detalle. Como primer acercamiento a un determinado tema, está genial. Claro que, por ejemplo, no te puedes tomar las interpretaciones que hacen de algunas estadísticas como algo 100% correcto, pero no lo hacen nada mal.

Es un canal bastante diferente a los otros que he mencionado aquí. Variedad, para todos los gustos. Y por cierto, con un inglés muy adecuado para personas que necesiten practicar.


AsapSCIENCE

Dos canadienses que explican temas científicos de lo más variopintos haciendo uso, sobre todo, de herramientas gráficas. No son tan extrictos científicamente, ni con los temas ni con las explicaciones. La mayoría de sus vídeos duran menos de 5 minutos, para los que prefiráis este formato. Algunos vídeos son sencillamente geniales, ¡pasaos por su canal


MinutePhysics y MinuteEarth 

Dibujos y animaciones para explicar de manera divertida todo tipo de problemas científicos relacionados con la física, en MinutePhysics, y con temas relacionados con nuestro planeta, en MinuteEarth. Vídeos breves, muchos de ellos de menos de 3 minutos. Explicaciones sencillas que pueden aclararte dudas sobre temas de los que ya has oído hablar.



Canales del CERN y la NASA

También, si quieres estar al tanto de las investigaciones de los mejores equipos de científicos del mundo, puede seguir los canales-televisión de youtube de los dos laboratorios más grandes del mundo, CERN TV y NASAtelevision. Otro estilo de vídeos y temas diferentes, pero igualmente cuestiones científicas que pueden motivar a todos los apasionados de la ciencia.

Javier Santaolalla

Cambiando al castellano, también contamos con canales de divulgación de gran calidad. Javier Santaolalla, ingeniero y físico canario, se dedica a divulgar ciencia de la forma más divertida, haciendo uso del humor para, aparte de enseñar, entretener. En youtube tiene dos canales de divulgación: Date un Voltio y Date un Vlog. Además, hizo su tesis doctoral en (el mejor y más bonito experimento del mundo) el experimento CMS del CERN, por lo que cuenta temas de física de partículas en los que él mismo ha estado investigando.



Derivando

El mejor canal de youtube de matemáticas en castellano que conozco, sin duda. Del estilo del de arriba, demuestra que explicar matemáticas con humor es posible. Su autor, Eduardo Sáenz de Cabezón, os hará pasar muy buenos ratos y os descubrirá muchas cosas de las matemáticas que no sabíais.


Otros canales de divulgación en castellano

Como la lista es enorme, aquí os dejo algunos de los más interesantes canales de divulgación. Aunque acabe con ello no quiero decir que sean peores, bien podría haber empezado la entrada del blog con alguno de estos: Haztelalista, CdeCiencia, Quantum fracture, El Robot de Platón, CuriosaMente. Os recomiendo que os déis una vuelta por todos ellos, ¡no decepcionan!



 

Espero que esta entrada te haya sido útil. Puedes dejarnos un comentario opinando sobre estos canales de youtube, ¿conoces algún canal que quieras destacar y no haya incluido en esta entrada? ¿Cuál de estos canales te ha gustado más?

jueves, 23 de febrero de 2017

Algo pasa con Jennifer

En un estudio realizado en 2012 se pidió a 127 miembros de facultades de física, química y biología de Estados Unidos que evaluaran el currículum de un estudiante para una plaza de jefe de laboratorio. Se dividió a los voluntarios en dos grupos y a todos se les distribuyó exactamente la misma solicitud, diferenciándose sólo en que el nombre del solicitante era distinto para cada grupo. Sorprendentemente, el currículum presentado bajo uno de los nombres fue valorado como más competente para el puesto. No sólo eso, se le ofrecía más apoyo y recursos y el sueldo medio que los evaluadores estaban dispuestos a ofrecerle era un 12% superior. Quizás la sorpresa no sea tal si revelamos que el currículum peor valorado se presentaba bajo el nombre de “Jennifer”, mientras que el considerado más apto tenía la firma de “John”. Este sesgo se daba tanto en los evaluadores mujeres como hombres.

En los últimos años el porcentaje de mujeres en España matriculadas en la carrera de física se ha mantenido alrededor del 30%, y sobre un 25% en carreras técnicas. Estas desigualdades se incrementan a medida que ascendemos en el escalafón académico, y además se extienden a todas las áreas de conocimiento: aproximadamente un 20% de las cátedras de las universidades españolas están ocupadas por mujeres, hay poco más de un 30% de investigadoras en el CSIC, y sólo un 25% de los investigadores principales de proyectos públicos son mujeres. Es el famoso “techo de cristal” que, por cierto, se puede cuantificar. En astrofísica, según el último informe de la Sociedad Española de Astronomía, aunque un 39% de las tesis leídas en España son escritas por mujeres, sólo representan un 24% del personal investigador estable. A nivel internacional, sólo un 17% de los miembros individuales de la Unión Astronómica Internacional son mujeres. De los premios, mejor ni hablamos.

Personal investigador en el CSIC en las distintas etapas de la carrera científica, 
con la característica forma de tijera. El porcentaje de mujeres en la escala superior 
(Profesor Investigador) es sólo del 25%. Fuente: Informe Mujeres Investigadoras CSIC 2016.

¿Por qué las mujeres seguimos siendo rara avis en ciertas áreas y niveles de la carrera científica? En los tiempos de astrónomas como Maria Mitchell, Henrietta Leavitt, o incluso la recientemente fallecida Vera Rubin, la respuesta era obvia. Pero como mujer del siglo XXI, en mi (aún breve) trayectoria profesional no puedo decir que haya sentido ninguna discriminación explícita (aunque, tristemente, tampoco la ciencia está libre de la lacra del acoso y los abusos de poder machistas), y creo que la mayoría de mis compañeras dirían lo mismo. El tema es complicado, y por eso este post es anormalmente largo (sorry). El experimento “John-Jennifer” nos da algunas pistas. Probablemente la mayoría de evaluadores no eran conscientes de su sesgo a la hora de evaluar a Jennifer. Y es que nuestros enemigos invisibles (y por tanto, más difíciles de combatir) siguen siendo esos estereotipos de género que nos comienzan a imponer cuando aún estamos en el horno y nuestros papás ya están ansiosos por saber si seremos nena o nene. Seguimos sin querer creernos que la naturaleza no reparte aptitudes, gustos ni tareas en función de nuestros genitales (a pesar de estar estos bastante alejados del cerebro). Como afirmaba la propia Vera Rubin: “la igualdad es tan elusiva como la materia oscura”. Sabemos que debería estar ahí y, sin embargo, continuamos sin verla. 


Uno de los clásicos con que nos encontramos cuando se habla de científicas son las referencias a su aspecto físico y su vida personal. A menudo estas últimas aluden a aquello a lo que han “renunciado” para llegar donde están, incluyendo conceptos como “maternidad”, “estabilidad” o “vida familiar”. Lo cierto es que la vida del investigador, propulsada por el discutible leitmotiv “publica o muere”, deja poco lugar a ser “otra cosa”, consista esta en ser madre, padre o músico de jazz, y esto ocurre sobre todo en las primeras etapas de la carrera investigadora, cuando la precariedad es una sombra constante sobre ti. Son pocas las mujeres que en esas condiciones pueden permitirse ser madres (y después, quizás ya sea tarde), y es que es innegable que durante al menos un año un bebé es una extensión de su progenitora. Lamentablemente, las instituciones y empresas continúan poniéndoles muy difíciles las cosas a esas mujeres y, para colmo, la corresponsabilidad en el ámbito doméstico sigue lejos de ser real. ¿Pero por qué acarreamos eternamente estos “defectos sociales”? Probablemente, el meollo está en que el concepto de “éxito” en nosotras sigue muy vinculado a la maternidad o la vida familiar y social, lo cual en sí mismo no es malo (yo diría que es sano), si no fuera porque es una concepción que no se extiende al otro sexo. Las consecuencias son que por un lado los conflictos asociados a la conciliación no terminan de abordarse eficazmente como los problemas familiares y sociales que son, sino que se miran de reojo como “problemas de mujeres”; y por otro, las expectativas de éxito profesional que se tienen sobre nosotras son mucho más bajas, aunque nuestras ambiciones sean en realidad similares a las de ellos. Aunque no hay fórmulas mágicas, quizás el verdadero cambio pase por entender que la igualdad funciona en ambos sentidos, lo que implica tanto alentar la ambición profesional de ellas, como fomentar en ellos una visión del éxito social que incluya sus facetas de padres, compañeros y cuidadores. Tal vez sea una idealista, pero sospecho que ese utópico equilibrio sería un alivio para todos. En fin. La realidad es que a día de hoy, siendo mujer, es fácil interiorizar un discurso de la “renuncia” que, implícitamente, contiene el mensaje de que por naturaleza tus aspiraciones no pertenecen a la carrera científica.

Estos estereotipos sobre lo “esperable” en una mujer no sólo orientan de manera a las niñas y jóvenes hacia áreas donde creen que lo tendrán “más fácil” o donde se las valorará mejor, sino que condicionan la propia visión que tienen de sus capacidades. Estamos cansados (cansadas) de escuchar que los niños son mejores en matemáticas o geometría. ¿Pero es esto cierto, o son en realidad mensajes como ese los que determinan las cualidades que se alientan en niños y niñas? En un estudio realizado en Francia en 2009 a niños y niñas de entre 11 y 13 años, en que se les pidió copiar de memoria un dibujo geométrico, las niñas puntuaban mucho peor en la prueba si se les decía que esta era de “geometría” que si se les decía que era de “dibujo”. En general a las mujeres no sólo nos consideran, sino que también nosotras mismas nos consideramos menos capacitadas en ciencia y matemáticas, porque de alguna manera nos han convencido de ello. Otro ejemplo son los numerosos estudios que se han hecho sobre la mayor incidencia del “síndrome del impostor” en mujeres, especialmente en ciencia. Un estudio publicado en Science afirmaba que carreras en las que tradicionalmente se considera necesario tener una “mente privilegiada”, como matemáticas, física o filosofía, son menos propensas a ser elegidas por mujeres. Aquí hay dos concepciones a eliminar: una, que es menos probable que una mujer sea por naturaleza brillante en estos campos; otra, que el éxito (y aun habría que definir esta palabra) en ellos depende sobre todo de la capacidad intelectual innata, más que del esfuerzo y la constancia.

En muchas disciplinas como la paleoantropología, la sociología, la biología evolutiva o incluso la medicina, ha sido muy obvio que el androcentrismo dominante ha generado perspectivas falseadas que sólo han empezado a corregirse a medida que más mujeres han realizado investigaciones en esos campos. Invisibilizar o infravalorar el talento y el trabajo de la mitad de la población no sólo va en detrimento del avance del conocimiento, también genera una falta de referentes que frena las vocaciones de niñas en esos campos, con lo que el fenómeno se retroalimenta. Aunque últimamente en el cine y la televisión se está dando protagonismo a algunos personajes femeninos, sigue habiendo entre la población un vacío cultural de científicas con nombre propio.

¿Siguen la ciencia y la tecnología siendo cosas de chicos? Por supuesto que no. Pero por desgracia en el imaginario colectivo sí, y es un estereotipo que no sólo perjudica a las profesionales que tienen que enfrentar barreras añadidas a la ya de por sí maratoniana carrera investigadora, sino también a las niñas que aún están forjándose una vocación y cuyo talento puede quedar oculto si no se reconocen objetivamente sus capacidades. El pasado 11 de febrero fue el Día Internacional de la Mujer y la Niña en Ciencia. En el Instituto de Astrofísica de Canarias lo celebramos saliendo a la calle, en una jornada en que el objetivo era visibilizar a las astrónomas e ingenieras que trabajan en este centro. Una de mis compañeras me contaba que, explicando a un grupo de niños y niñas cómo identificar elementos químicos por sus líneas espectrales con una lámpara, los niños rápidamente gritaron “¡es de argón!”. Las niñas, un poco escépticas ante la arrolladora seguridad de sus compañeros, estudiaron con cuidado los dibujos de los espectros y, como dudando de sí mismas, dijeron: “pues parece neón...”. Ellas tenían razón, y es que, citando la escritora Fleur Jaeggy: “el saber no sabe”. De lo que no podemos dejar que sigan dudando es que ellas,también y más que nunca, pueden ser científicas.

Algunas de las trabajadoras del Instituto de Astrofísica de Canarias
participantes en el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Crédito: Elena Mora (IAC)


Para saber más: