viernes, 11 de mayo de 2018

Banderas astronómicas

Siempre defiendo que la Astronomía no es solo una afición residual practicada por una pandilla de ociosos frikis. Si estás leyendo esto no te ofendas, está dicho con cariño.
Se puede decir que la astronomía es la primera ciencia de la humanidad. Nuestros antepasados cavernícolas ya debían de maravillarse observando las estrellas entre banquetes de mamut en salsa teriyaki y empezaron a buscar el sentido a sus variaciones. De esta búsqueda surgió un concepto: el movimiento periódico de las estrellas parece ir a la vez que las estaciones. Así nacieron los calendarios, de manera independiente en distintas partes del globo. Fue en este instante en el que el homo sapiens empezó a dominar la agricultura y surgieron los primeros asentamientos estables, aldeas, pueblos, reinos...

La Astronomía ha influido de manera determinante durante la historia de la humanidad, y no me refiero a un influjo astrológico. La Astronomía está presente en el nacimiento de naciones, en la caída de imperios y en la modificación de nuestra forma de pensar. Estamos rodeados de símbolos que tuvieron un sentido astronómico y hoy quiero destacar la abundante presencia de símbolos astronómicos en las banderas.

Hay banderas muy famosas que llevan estrellas, como las de Estados Unidos, la Unión Europea o la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, donde las estrellas representadas no tienen que ver con la astronomía. De esas no voy a hablar.

Cruz del Sur

La cruz del Sur, o Crux,  es una constelación visible en el hemisferio sur, formada por estrellas medianamente brillantes que puede utilizarse para encontrar la dirección hacia el polo sur. Por mucho que intento adecentar la frase anterior no soy capaz de evitar que suene redundante tanto "sur" ;-)
Carta celeste y fotografía mostrando la constelación Crux.
Este asterismo está presente en un montón de banderas, en algunas de ellas representan las cuatro estrellas más brillantes, en otros las cinco más brillantes. Está presente en las banderas nacionales de Australia, Nueva Zelanda, Samoa y Papua-Nueva Guinea, además de muchas otras banderas de territorios regionales de estos estados.

De izquierda a derecha: Australia, Nueva Zelanda, Samoa y Papua-Nueva Guinea.

La bandera de Papua-Nueva Guínea es preciosa, en parte por ese ave del paraíso en la parte derecha.  Destacar que la bandera de Australia (primera por la izquierda) tiene otra estrellas más grande debajo de la Union Jack que representa a la Commonwealth. Mi favorita sin lugar a dudas es la bandera de Tokelau, un archipiélago dependiente administrativamente de Nueva Zelanda cuya bandera representa una canoa de vela polinesia navegando hacia la constelación. Solo por este detalle, Tokelau está en mi lista de sitios a visitar. ¿Alguien se une?

Tokelau.

Puedes consultar un anexo de banderas con Crux en la wikipedia.

Luna y Venus

Varios países que formaron parte del extinto imperio otomano, incluida la actual república de Turquía, mantienen en su bandera una Luna y una estrella. Por extensión, el símbolo se utiliza en otros estados de mayoría musulmana u otro tipo de entidades, entre los que es inevitable mencionar a la Media Luna Roja.
Emblemas del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
El uso de la Luna creciente y una estrella es antiguo. El símbolo ya se utilizaba en Imperio Romano y posteriormente se mantuvo en la ciudad de Bizancio, luego renombrada Constantinopla y actualmente Estambul. Cuando el Imperio Otomano tomó la ciudad, adoptó el símbolo como propio. La estrella en realidad se refiere a Venus, el «lucero del Alba» o «lucero vespertino». Por lo tanto estas banderas están representando una conjunción de estos dos astros.
Denario de Adriano. Crédito: DerWolF.

Entre los territorios que fueron parte del Imperio Otomano y tienen este símbolo se encuentran Turquía, Libia, Túnez, Argelia, Azerbayán, la Autoridad Nacional Palestina y la República turca del norte de Chipre.
Turquía, Chipre del Norte, Azerbayán, Palestina;
Argelia, Túnez y Libia.

Hace años visité la República turca del norte de Chipre, nación solamente reconocida Turquía, y cuyos habitantes son oficialmente miembros de la Unión Europea. Tanto en el Chipre «griego» como en el «turco», quedé sorprendido con la abundancia de banderas que había a ambos lados de los cascos azules. Pero la bandera que más y mejor se veía desde toda Nicosia eran dos banderas turcas en la ladera de una montaña, una pintada y la otra hecha con luces. Ambas banderas son fácilmente visibles desde satélite. Pero algo que no os pueden mostrar las fotos es el persistente olor a pintura desde casi un kilómetro.
Banderas de Turquía y la República turca del norte de Chipre desde satélite (Google Maps, coordenadas satélite 35º17'00''N 33º22'48''E)
El símbolo se hizo común en los países de mayoría musulmana, y fue adoptado en sus banderas por más países: Pakistán, Malasia y Mauritania.
Mauritania, Malasia y Pakistán.

Muchas Lunas: Irán.

Como si una Luna no fuera suficiente, la bandera de Irán tiene cuatro. Poned vuestra atención al símbolo rojo en la parte central de la bandera. que representa la palabra «Alá».. Está formado por una espada y cuatro lunas crecientes, aunque yo diría que son dos lunas crecientes y dos decrecientes. Desconozco qué es el símbolo que está en la punta de la espada.
Irán.


Luna y estrellas

Las banderas de Turkmenistán, Uzbekistán y las islas Comoros también tiene una Luna creciente musulmana, pero en lugar de Venus tienen un grupo de estrellas. En Turkmenistán y Uzbekistán cada estrella representa una provincia, y en el caso de las islas Comoros, cada estrella representa una de las cuatro islas principales. La bandera de Turkmenistán tiene unos motivos tradicionales la mar de guapos, originales e interesantes.
Turkmenistán, Uzbekistán y las islas Comoros.

Singapur también tiene el símbolo de la Luna y cinco estrellas. Es de destacar que, al contrario que los países anteriores, no es un país de mayoría musulmana. Parece que Singapur usa en su bandera un símbolo que atribuiríamos a un país musulmán por coincidencia.
Singapur.
Y para acabar con este grupo de banderas tengo una queja. ¿Por qué en castellano hablamos de la MEDIA LUNA? Es claramente una Luna creciente (vista al amanecer). Y si os mola la etimología, que sepáis que los cruasanes, esa pieza de bollería, viene del francés croissant, que significa «creciente», porque un cruasán es una luna en fase creciente de hojaldre. Leed la historia en este enlace.


Luna

La bandera de Laos representa la unidad del pueblo, aunque también hay quien sostiene que es la Luna reflejándose sobre el río Mekong.
Laos.
El estado insular Palaos también tiene una Luna en su bandera, de acuerdo a una leyenda local, Iyechadrenger esculpió la Luna a partir de un naranjo. Lo que me sorprende es que pinten la Luna de amarillo, ¡durante años creí que era un Sol! A lo mejor apreciáis que el Sol, perdón, la Luna está descentrada. Está hecho aposta para que la Luna parezca centrada contando el mástil, truco que también utiliza Bangladesh.
Palaos y su Luna amarilla rodeada de mar azul.


La inusual bandera de Nepal también tiene la Luna y el Sol, que también es una estrella ;-). Si veis que la Luna tiene una forma rara, no es porque represente una conjunción con Venus u otro astro, es porque la versión antigua tenían caras. En 1962 decidieron retirar las caras pero mantener la silueta.
Bandera de Nepal desde 1962.
Bandera de Nepal (hasta 1962).

Islas Cocos (Keeling)

Las Islas de Cocos o Islas Keeling es un pequeño archipiélago desconocido para el gran público, sin embargo, su bandera aparece en los teclados de muchas aplicaciones para teléfonos móviles. Es un territorio que administrativamente pertenece a Australia, a pesar de estar más cerca de Malasia en el Océano Índico, y tiene una gran importancia estratégica. De hecho, ahí tuveiron lugar batallas navales en las dos guerras mundiales. La escasa población es de origen británico y malayo, quienes aportan su creencia mayoritaria musulmana. El resultado es que su bandera tiene tanto la Cruz del Sur, como la Luna y Venus musulmana y una palmera dentro de un círculo amarillo. ¡Línea y bingo para los cocanos!
Islas Cocos (Keeling)

Soles

Las banderas de Argentina y Uruguay tienen en común un solecito muy alegre. Aunque yo le trate con esta confianza, es conocido como el Sol de Mayo, símbolo de la revolución emancipadora a inicios del siglo XIX. Su origen es mucho anterior, se trata de la representación del dios Sol inca, conocido en idioma quechua como «Inti».
Uruguay y Argentina.

Inti está presente en más banderas regionales o históricas de sudamérica, entre las que destaco la primera bandera republicana de Perú.
Perú (siglo XIX).

Hay soles muy diversos en otras banderas, la más famosa la bandera del país del Sol naciente, Japón. Algunas son amaneceres representando el momento de su independencia, como las banderas de Antigua y Barbuda, Bangladesh, Malaui y Kiribati. Por cierto, me parece muy simpática el ave de esta última bandera, ¿será un pelícano? La enorme nación de Kazakhstán también representa un Sol y un ave, aunque también añade unos bonitos dibujos en el lateral. La bandera de Kirguistán parece una pelota de fútbol utilizada por Lobezno descalzo... si tuviera garras en los pies.
Antigua y Barbuda, Bangladesh, Filipinas, Japón, Kazakhstán;
Kiribati, Kirguistán, Macedonia y Malaui.

Brasil

Y queda para el final Brasil, ¡porque su bandera es una pasada! La bandera es verde, con un rombo amarillo en cuyo interior hay un círculo azul oscuro salpicado de estrellas y una banda. Resulta que esas estrellas representan el cielo que había en Río de Janeiro el día de la proclamación de la república de Brasil, 15 de noviembre de 1889, y la banda en la que pone «Ordem e Progresso» es la eclíptica. En total hay 9 grupos de estrellas, representando cada una a un estado o región.
Brasil.
Como escéptico que soy, tuve que comprobarlo. Me he simulado el cielo del 15 de noviembre de 1889 en Río de Janeiro con Heavens-Above. Como salen muchas constelaciones, empiezo a borrar hasta dejar solo las constelaciones que son mencionadas.
1. Borrado de constelaciones.
Pero de las constelaciones presentes, no salen tantas estrellas como en Heavens-Above, así que sigo usando la herramienta del borrado del paint un poco más, dejando solo las estrellas más brillantes de cada constelación.
2. Borrado de líneas y estrellas.
No se parece tanto, hay que seguir procesando la imagen. Por ejemplo, ampliando la constelación Cruz del Sur para que ocupe un lugar más prominente, y cambiar de hemisferio Spica, la estrella  más brillante de Virgo. Esto último está hecho para evidenciar que Brasil es una nación presente en los dos hemisferios.
3. Cambio a Spica de hemisferio y hago más grande Crux.

Dicen que la bandera de Brasil representa el cielo como sería «visto desde fuera de la esfera celeste». Volteo la imagen. Ya se va pareciendo. La eclíptica casi coincide con la banda blanca.
4. Volteo para simular que se vea «desde fuera».

Se parece bastante., no lo neguéis.
5. Destaco las constelaciones y comparo con la bandera.

No me ha quedado perfecto, pero me he divertido haciendo este jugueteo con el paint. Creo que debería cambiar un poco la hora y las coordenadas, o tal vez haya escogido erróneamente qué estrellas dejar en cada constelación. O simplemente en la bandera decidan mover las estrellas para hacer que el espacio quede más compensado y bonito. Da igual, la bandera de Brasil es la REINA de las banderas astronómicas.

Por la entrada de hoy han pasado 39 banderas. Hay más. Algunas no las he incluido porque me parecían repetitivas, y no descarto que haya otras. Es más, deseo que haya banderas con simbología astronómica que no conozca. Si sabéis de alguna, ¡hacedlo saber!

martes, 21 de noviembre de 2017

Ciencia para escuchar

La manera en la que accedemos a la información cambia continuamente. Los blogs ya no son tan cool como antes, todo es hoy YouTube, Instagram, Twitter... y mañana quién sabe.

Sabiendo que 10 años es el pasado remoto en estos tiempos, quiero defender aquí un formato más clásico: el podcast. Tiene en su limitación su mejor virtud: no hay que mirar. Sólo escuchar.

La ciencia es una de mis pasiones. Intento estar al día leyendo publicaciones científicas, viendo vídeos en YouTube (gracias, Xuan por tus recomendaciones), documentales... pero la "ciencia para escuchar" ha sido para mí una auténtica revelación.

Estos audios me permiten confeccionar un sabroso menú científico que descargo en móvil, tableta o USB para escuchar mientras conduzco, voy por la calle, cocino... Con ello añado de forma natural unas 10 horas semanales de ciencia a mi vida (que también pueden ser de historia, música clásica,...).

El único problema es que uno cree que habrá pocos programas, pero una vez que empiezas... es como un conjunto de muñecas rusas. Cada hilo me acaba llevando a otro (en Coffee Break hablan de Radio Skylab, y ahí recomiendan Catástrofe Ultravioleta...), lo que finalmente acaba formando una telaraña de contenidos rica, coherente, multiforme. Todo muy interesante... pero inabarcable.

Por ello me ha resultado imposible escuchar la serie completa de los diferentes programas que sugiero. La visión será parcial, pero espero que razonablemente ajustada. Vamos pues a lo importante:
 
¿Dónde encontrarlos? Tenemos varias vías de acceso. Una posibilidad es on-line en Ivoox. Otra opción es a través de la aplicación para dispositivos móviles en  Google Play o en iTunes. Destacamos:
Coffee Break. Tertulia en la que se trata la actualidad científica, especialmente la astronómica, y vinculado (no oficialmente) al Instituto de Astrofísica de Canarias.  Destacamos: fino sentido del humor e ironía que impregna todo el programa. Nivel de exigencia elevado para el oyente. Claridad, dureza y método científico contra la pseudociencia. El episodio 106 fue el primer podcast que  escuché y me dejó fascinado.

Radio Skylab. Cuatro divulgadores canarios que tratan temas concretos de astronomía con detalle. Destacamos: mucha profundidad en lo relativo a astronáutica (cohetes, sondas, combustibles...). Trata aspectos alejados de los "lugares comunes". Un agradable guiño friki, especialmente en la imprescindible sección de recomendaciones.

Catástrofe ultravioleta. Vinculado a la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco. Cada episodio trata un único tema desde muchos puntos de vista. Destacamos: producción impecable, cada nuevo programa es una maravilla inesperada que hay que desenvolver sin prisa, siempre te deja pensando. ¡Y acaba de recibir un Premio Ondas 2017!

La Brújula de la Ciencia. Una sección dentro de La Brújula, de Onda Cero. El siempre didáctico y paciente Alberto Aparici explica para el gran público una única cuestión de actualidad científica en unos pocos minutos. Destacamos: para todos los públicos, temas siempre muy recientes.

Y hay otros muchos más podcast científicos interesantes. No quiero ser injusto con ellos, me extiendo menos porque coincide que hace poco que los conozco, pero son también magníficos.

Astronomía y algo más. Desde Chile, su nombre nos dice lo básico, muy interesante. Los tres chanchitos, con tres ponentes del máximo nivel a los que he leído en múltiples foros. La Fábrica de la Ciencia con temas muy variados y ponentes muy bien seleccionados. Principio de Incertidumbre, destinado a un público no especialista sin renunciar al rigor. Toca campos muy distintos. Café Cuántico, con una potente sección de historia de la ciencia además de actualidad y entrevistas. A hombros de gigantes, actualidad científica, universidad. Raíz de cinco, breve, ágil y... el único de matemáticas que conozco.

Sin complejos podemos decir que tenemos en nuestra lengua unos divulgadores científicos extraordinarios. Estos programas son posibles gracias a ellos. Enormes el ya mencionado Aparici, Héctor Socas, Francis Villatoro, Daniel Marín... y tantos otros.

A todos ellos solo puedo darles las gracias. Me permiten seguir la actualidad científica de un modo agradable, con garantía de veracidad, y con una notable variedad de enfoques.

Insisto.

Muchas gracias.

jueves, 20 de abril de 2017

Periodismo y ciencia. ¿Una historia de amor?


Pues bueno, la verdad es que no. La relación es, cuando menos, turbulenta. Lejos de combinar bien, con frecuencia son como uña y pizarra.

Cuando una noticia científica asoma su nariz en un medio de comunicación no especializado, se ve expuesta a múltiples contratiempos. Por ejemplo:

-       Si viene traducida del inglés, muchas veces se nos dice billones, cuando se trata “solo” de miles de millones. ¿Cuántas veces hemos oído en las noticias que en el mundo hay unos 7 billones de personas? Somos muchos, pero no tantos… Recordemos que en algunos países (como EEUU), después de los millions (106), se cambia de nombre cada tres ceros: billions (109), trillions (1012)… mientras que nosotros cambiamos cada seis ceros: millones (106), billones (1012), trillones (1018)… ¡Cuántos sinsabores nos ahorra la notación científica! 1018 es lo mismo en Agaete, Bermiego o Savannah.

-       Si es una estadística, muchas veces sumamos los trozos de la tarta que nos presentan de viva voz y nos sale más que una tarta completa (100%).

-         También es frecuente que el titular:

o    Busque el sensacionalismo: “La NASA encuentra indicios de vida en las lunas de Júpiter y Saturno”. Bueno, si queremos realmente conseguir muchos lectores también podríamos decantarnos por “Las Campos en Encélado” (nadie ha dicho que garanticemos vida inteligente…). Puestos a rizar el rizo, podríamos echar la culpa al autocorrector y atrevernos con “Las Campos en celo”. Siendo serios, la opción correcta debería decir más bien, “Encélado podría tener un ambiente habitable”.

o   O que pase lo mismo con el contenido. Te ponen en televisión o en la prensa, junto con la noticia del descubrimiento de exoplanetas en Trappist-1, unas imágenes que son recreaciones artísticas tipo Star Wars. Nada que ver con las imágenes reales, ni con el procedimiento seguido (un puñado de píxeles muy bien interpretados). Por mucho que te pongan en letra minúscula que es una recreación… mucha gente se queda con una idea muy equivocada.
o   O sea intencionadamente confuso. Si no somos conocedores de estas cuestiones y leemos: “Hallada materia orgánica en el planeta enano más próximo a la Tierra”… muy probablemente nos haremos una idea muy poco ajustada de qué quiere decir eso (nada de bichos verdes con un número impar de ojos saltones que nos llamen “mamá” al salir del huevo si pasamos por allí). Bueno, seamos ahora también críticos con nosotros mismos. El titular no confundirá a personas con algo de formación científica, que no pensarán materia orgánica = vida. Dicho queda en todo caso.

Se busca cierto sensacionalismo y hay poca preocupación por el rigor. Aunque bien mirado… igual esperamos demasiado de los medios. Los horóscopos tienen sección fija en el periódico, los noticiarios de la tele incluyen muchas veces autobombo o publicidad de la propia cadena (eso ya sin entrar en el sesgo de ciertas informaciones). En fin…

Una vez expuesto lo que consideramos un problema, ¿qué soluciones podemos proponer?

·       Por un lado, los propios medios tienen que ser conscientes de este hecho y estar dispuestos a mejorar en este sentido. Su propio código deontológico debería empujarles hacia ello. Periodistas más especializados o asesores científicos.

·        Que se consulte a los expertos cuando sea posible.

·        Lograr que los titulares tengan gancho, pero sin deformar la realidad.

Es una cuestión de principios. Y las noticias científicas en los medios generalistas son necesarias. La ciencia como fuente de conocimiento, y también como motor básico del progreso, debe estar presente en la realidad que, admitámoslo, construyen los medios de comunicación.

Todo lo dicho no debe esconder otra idea fundamental. Al ámbito científico hay que exigirle ejemplaridad. Plagios en tesis doctorales de altos cargos, catedráticos de medicina que se lucran con falsos remedios contra el cáncer, experimentos milagrosos que nunca se pudieron corroborar… Como en toda actividad en la que haya seres humanos, es inevitable que de vez en cuando (muy pocas veces, felizmente) se cuele alguna de estas cosas. Pero hay que evitar el corporativismo. No “taparlo” y dejarlo correr, sino más bien extirparlo rápidamente.

¿No es posible entonces una relación “romántica” con la ciencia? Sí, es posible y yo trato de vivir de esa manera cada día. Cuando abro el periódico, salto por encima de todos los “–ismos” y del fútbol en busca de alguna noticia interesante de astronomía, física… ciencia en general. En Cielos Despejados, comparto mi tiempo con gente apasionada por la astronomía (y muy maja, que también es muy importante). Trato de seguir aprendiendo continuamente (gracias a los canales mencionados en este mismo blog, leyendo libros, revistas…)…

Para mí, la pasión por la ciencia es una manera de estar en el mundo. Y no una forma fría y alejada de lo humano. Parafraseando libremente al gran Richard Feynman: Júpiter es un planeta, gigante gaseoso, con tormentas tremendas, gamas cromáticas interesantes, un campo magnético furibundo, al que debido a su enorme masa poco le faltó para no ser una segunda estrella en nuestro sistema solar (¿se imaginan?)… A mi entender todo eso no es menos poético que Júpiter como ser mitológico. Tampoco son incompatibles.

Por todo ello:
Estimados profesionales de los medios de comunicación: cuiden más la información científica. Denle el espacio que se merece, sean veraces, consulten cuando no sepan. En resumidas cuentas: informen adecuadamente… y pongan un poco de cariño en ese guiso...

¡Suerte en el empeño! Muchos, entre los que me cuento, se lo vamos a agradecer. Y así sí que contribuirán a la difusión de esa maravilla que es la ciencia.

martes, 21 de marzo de 2017

"Conocer es llegar a ser un poco más libres"

Mi destino y el de Raúl Fernández Cobos (Oviedo, 1985) han sido tangentes en más de un punto. Fuimos compañeros en la carrera de Física, a los dos nos picó el gusanillo de la Cosmología, y la casualidad hizo que ambos acabáramos formando parte del experimento QUIJOTE, él en Instituto de Física de Cantabria, donde sigue trabajando, y yo en Tenerife. Pero nuestras afinidades van más allá de lo académico: en los tiempos en que estudiábamos ya nos confesamos mutuamente nuestras filias literarias, inclinadas hacia la ciencia ficción por su parte (plasmadas en su incombustible blog, Soñando con Marte), y a la perpetración de poesía por la mía. Los adictos siempre buscan aliados en su enfermedad, así que un día le presté un poemario de Luis Alberto de Cuenca. Sabía que de aquella semilla algo había fructificado, porque años más tarde un congreso nos reunió y (alcohol mediante) se atrevió a leerme algunos de sus poemas. Poco después ganó el áccesit del Premio José Hierro en la categoría de poesía con La noche en que murió Charlie (El Desvelo Ediciones, 2014). Pero grande ha sido mi sorpresa al abrir su nuevo poemario Areografía (Editorial I filo SOFÍA, 2016) y descubrir que me señala como una de las culpables de despertar al creador de versos que sin duda siempre hubo en él. Así que no puedo evitar sentirme un poquito responsable de este hijo marciano de Raúl.


Son muchas las cosas que he aprendido leyendo el libro de Raúl, empezando por el mismo título: areografía es la geografía de Marte. Una geografía con nombres inspiradores (Albor Tholus, Kasei Vallis…) que le sirven de excusa para hablar del ser humano, de ciencia e, inevitablemente, de sí mismo. Para conocer mejor qué encierra su particular paisaje marciano, nos ha respondido a estas preguntas.

P. En tu libro hablas de Marte como un paisaje que en el pasado (o un tiempo inconcreto del que se habla en pasado) hubiera estado habitado, y por una población no precisamente de bacterias, sino por una sociedad con una gran carga simbólica, que guarda muchos paralelismos con la especie humana. ¿Qué significa Marte para ti y quiénes lo habitan?

R. En realidad, he querido presentar aspectos marcianos y humanos suficientemente semejantes como para que resulte fácil tender puentes metafóricos entre ambas realidades, y a la vez, suficientemente distantes como para generar un extrañamiento en el lector. Ambas sociedades habitan un equilibrio precario. Los marcianos de Areografía son un claro homenaje a Ray Bradbury y a la vez un laboratorio de ensayo, un simulador de humanidades.

P. En un momento dices “las tierras, lejos de ser fijas, mostraban temperamento y eludían el arte cartográfico”, como si el planeta fuera en realidad un ser dotado de carácter. ¿Un guiño al Solaris de Lem?

R. Veremos en el poemario que muchos pasajes se resisten al determinismo interpretativo. Aunque sin duda está presente, la alusión al organismo colectivo es solo una de las posibles lecturas —Marte tiene una gran personalidad que se proyecta en casi todos los poemas—. La cita que mencionas pretende ser un extracto de una epopeya clásica en que se señala el carácter simbólico del espacio como experiencia (marciana, en este caso); que los mapas son sensibles, además de a una cartografía estrictamente física, a una concepción del espacio sociológicamente determinada y propiciada por los mitos.

P. Todo el poemario destila cierta melancolía, presentando a Marte como un paisaje para la nostalgia. La pérdida que lamenta es interpretable de diversas maneras. Una puede ser que, a pesar de que hay bastantes indicios de que en el pasado hubo agua líquida, soñar con un Marte habitado tiene ya de hecho el encanto de lo anacrónico: la ciencia nos ha dejado bastante claro que (a menos a día de hoy) no vamos a encontrar allí a los famosos hombrecillos verdes. ¿Saber demasiado de Marte nos ha privado del sueño de Marte, o ha multiplicado nuestra capacidad de imaginarlo? ¿La ciencia roba posibilidades a la imaginación?

R. Se oye a menudo que la ciencia, en su acercamiento a una realidad objetiva y material, acaba con el viejo espíritu romántico. Sin embargo, no puedo estar de acuerdo con ello; creo básicamente que lejos de apagarlo, el conocimiento científico actualiza este romanticismo desplazándolo al panorama que se nos abre con nuevos indicios y, sobre todo, preguntas. Tenemos sobrada capacidad imaginativa como para adaptarnos a los nuevos escenarios, que además constituyen un reto: todo un universo de posibilidades. En el caso de Marte, los datos recogidos en las diferentes misiones espaciales nos han permitido descender a sus lugares, acceder al tiempo marciano, a la realidad histórica de sus procesos geológicos. En realidad, lejos de privarnos de él, los avances científicos nos han abierto un nuevo mundo, lo han vuelto más real.

P. En el libro citas a grandes autores de ciencia ficción, como Kim Stanley Robinson o Ray Bradbury, y algún guiño a Philip K. Dick. Supongo que eres consciente de que para muchos la ciencia ficción es una especie de “hija adolescente y rarita” de la literatura. ¿Qué tendrías que decirles a aquellos que la consideran un género menor?

R. Que le den una oportunidad. Tanto si buscan entretenimiento, como profundidad, encontrarán títulos que se ajusten a sus preferencias. Si no les gusta el espacio, no importa. La ciencia ficción es lo suficientemente amplia como para ofrecer todo tipo de escenarios, incluso realistas (más de lo que imaginamos). Lo bueno de este género es que ofrece unas posibilidades inmensas para explorar en lo humano, en lo de siempre, desde el contraste con lo nuevo. No voy a negar que algunos clásicos del género ofrecen una pobre calidad literaria, pero no es prescriptivo; algunas obras como “Crónicas Marcianas”, “El invencible” o “Dune” son una delicia en este sentido. Hasta Pedro Salinas firma una novela de ciencia ficción. El género no está reñido para nada con la buena literatura.

P. Para muchos, el maridaje entre ciencia y poesía debe sonar a quimera, o incluso a contradicción. Sin embargo, en las notas del libro tú afirmas que “componer el poemario se asemeja a observar el cielo”. ¿Qué le aporta tu formación científica a tu visión del mundo en general, y a tu manera de escribir en particular?

R. Mi impresión es que la formación científica condiciona drásticamente nuestra concepción del mundo. Y no por favorecer una actitud filosófica determinada sobre las otras, sino más bien por ese acercamiento crítico que proporciona, por las herramientas que brinda el método científico a la hora de valorar nuevos planteamientos o elaborar opiniones formadas. Por supuesto, esta influencia se traslada a aspectos clave de mi forma de escribir, como las temáticas que abordo o las metáforas que adopto. En particular, la que señalas pretende relacionar la actividad pasiva del astrónomo, incapaz de recrear sus objetos de estudio en un laboratorio —y, por ello, resignado a recoger lo que llega del cielo—, con la recopilación de ideas e inspiraciones que dan lugar a un poemario.

P. Además de cosmólogo, escritor y poeta (redundancia que siempre me ha resultado graciosa), eres licenciado en Antropología. Una combinación que te convertiría en buen candidato a embajador de la especie humana si estableciéramos contacto con una sociedad alienígena. ¿Cuáles son para ti las características que retratan a una civilización? ¿Qué es lo que más te interesaría transmitirles a unos hipotéticos seres de otro mundo, y que información considerarías fundamental conocer de ellos?

R. Es una pregunta muy difícil. Tal vez, en este contexto, uno de los aspectos que más describen a una civilización es su actitud ante el contacto cultural, y nuestro pasado no deja mucho margen al optimismo. Asumir que podríamos comunicarnos con una especie alienígena, acceder a su mentalidad, no es nada trivial. Al carecer de ejemplos concretos, entramos en terreno resbaladizo. Pero sin duda, sería maravilloso tratar de entender qué motivaciones los mueven a vivir como quiera que vivan.

P. Tus intereses me recuerdan al título de Oliver Sacks “Un antropólogo en Marte”. Y, en realidad, un antropólogo es alguien que estudia a sus semejantes como si fueran algo extraterrestres, un sentimiento que todos albergamos en algún momento. ¿Qué es lo que te produce más extrañeza del ser humano?

R. Efectivamente, un antropólogo ha de promover cierto extrañamiento entre sus posicionamientos culturales y los de la comunidad que se proponga estudiar. Y viajar a Marte es una manera drástica de experimentar este sentimiento. Una de las peculiaridades del ser humano (y tal vez, de muchos otros seres vivos) que más llama mi atención es el fenómeno de la consciencia, la capacidad de saberse en el mundo y poder interaccionar con él; de imaginar, aunque sospecho que no del todo aprehender, una época previa y otra futura en que la realidad objetiva no le es accesible. El fenómeno es lo suficientemente extraño como para merecer el calificativo alienígena.

P. Decía Pessoa que “El binomio de Newton es tan bello como la Venus de Milo”. Pero añadía que “hay poca gente que se de cuenta de ello”. Tengo la impresión de que la ciencia es gran olvidada de la cultura. Aunque los científicos parecen gozar de un aura de prestigio, a la ciencia en sí se la ve como algo “misterioso” y “complicado” que sirve a un supuesto “progreso”, no como una forma de cultura que es bella y disfrutable por sí misma, como puede serlo la poesía. Por eso la idea de tu poemario es tan genial. ¿Cómo crees que se podría incorporar la ciencia a la comprensión global de la cultura?

R. A este nivel es muy importante la educación. Los niños son curiosos por naturaleza, es necesario estimular este impulso y mostrarles que las ciencias, lejos de ser la bestia negra del programa de estudios que se les impone, son una herramienta fundamental para entender las cosas que más les llaman la atención. Otro aspecto que creo que debemos trabajar, además de en poner de manifiesto la utilidad práctica de la investigación científica, es el de reivindicar el valor del conocimiento en sí mismo. Transmitir que conocer es vivir, es disponer de mayor número de recursos y llegar a ser un poco más libres. Hacer a la gente partícipe del placer de descubrir por uno mismo, aunque no se trate de nada innovador; de ser capaz de llegar a la conclusión por sí mismo, sin que se la den prefabricada.
También es necesario hacer un poco de autocrítica, en el sentido de que muchas personas perciben la ciencia como una preponderancia amenazadora debido a que no prestamos especial atención al discurso que utilizamos a la hora de divulgar resultados científicos. Deberíamos huir de fórmulas como “la ciencia dice” o “se ha demostrado científicamente” para acercar a la audiencia la problemática real en los términos en que se desenvuelve el método científico, huyendo del estigma del dogmatismo.

P. Hoy es el Día Internacional de la Poesía. ¿Alguna recomendación para futuros adictos?

R. Para aquellas personas que no se acaben de decidir a dar el salto de la prosa al verso, les recomendaría empezar con poesía más narrativa o de temática accesible, como yo mismo he hecho. Una recomendación en este sentido, y que me sirvió mucho en su momento, es Luis García Montero.